28 de mayo de 2014

Pala Montefeltro


Piero della Francesca


24 de mayo de 2014

De recuerdos y bibliotecas

Hoy he visto la inocencia,
la felicidad,
la infancia en los ojos de una mujer
y las manos de una niña
ensimismada,
risueña en otros sueños,
en otros mundos,
despistada,
distorsionando una luz,
una sombra,
una mirada.


20 de mayo de 2014

El jardín


Esta es la historia de un jardín
que creció delante de una nube,
todos los bichos van allí.

Cuando llueve y sale el sol,
de los matorrales a la charca
un arco iris de color.

Todos los días soñaban una nueva canción,
cantaban que su vida en la tierra no tenía valor.

Tras la rama el oso ríe,
ahora es mucho más feliz que antes,
va descalzo y no se aburre
de ver el cielo azul
brillar y brillar.

Las ranas y los bichos que jugaban en el fango
nadaban despacito por la orilla de los charcos.
La luna en el jardín nunca está sola,
jugaba con las estrellas agarrada a su cola.

Los hilos de la suerte están cansados de perderse,
el jardín de violetas son hormigas con cometa
donde suena alegre una guitarra
que la toca mi compare y se dedica a perfumarla.

No hay serpientes en el jardín,
todos los camellos van desnudos
con manzanas para ti.

Una respuesta encontrarás
en las raíces de las setas,
todos los duendes viven allí.

Fumando tabaco de barro y contando cuentos,
no son de nadie, sólo del viento.

Un payaso me advirtió
del aviso urgente y pretendiente,
era el momento de volver.

Me tuve que marchar
de vuelta a la ciudad.

Las ranas y los bichos que jugaban en el fango
nadaban despacito por la orilla de los charcos.
La luna en el jardín nunca está sola,
jugaba con las estrellas agarrada a su cola.

Los hilos de la suerte están cansados de perderse,
el jardín de violetas son hormigas con cometa
donde suena alegre una guitarra
que la toca mi compare y se dedica a perfumarla.

El viaje se acabó y he regresado a la vida,
donde duelen las heridas.

Pero sé que hay un jardín
donde viven todos mis compares
con canciones para ti.

Los Delinqüentes

17 de mayo de 2014

14 de mayo de 2014

La primavera avanza

Detuvo sus pasos al llegar a la colina, con lentitud buscó la sombra de un árbol a la orilla del camino y observo el paisaje con la serenidad que sólo el tiempo enseña; sin prisa, deteniéndose en los suaves movimientos de las hojas, en el sonido del viento a través de las briznas de hierba, en el alegre vuelo de los pájaros... en esa libertad.

Recordó entonces la luz del pasado, y también su sombra; la desesperación y la rabia del hombre que contempla como se desgarran las velas y pierde el rumbo de su barco, del hombre que es incapaz de controlar su destino. Nunca había sido muy amigo de plegarias hasta entonces; también recordó eso, sus gritos al vacío, sus lágrimas ahogadas... y el silencio como única respuesta.

Pasarían muchos años pero jamás olvidaría ese silencio; de hecho se acabó acostumbrando a él, a veces incluso lo echaba de menos entre el bullicio de la ciudad.

Se levantó despacio y se dispuso a recorrer la suave pendiente que restaba, esta vez le costó más que de costumbre. Al llegar a la cima un pequeño claro se abrió ante sus ojos; con la mirada triste observó con asombro el bello contraste de las flores y la pequeña lápida de mármol.

Sonrió por un instante; no sabía de que se sorprendía, al fin y al cabo ya era otra vez primavera.


11 de mayo de 2014

Father and Daughter


Dirección y Guión: Michaël Dudok de Wit
Producción: Claire Jennings y Willem Thijssen
Música: Normand Roger y Denis L. Chartrand

9 de mayo de 2014

Alegoría de la primavera


Sandro Botticelli


8 de mayo de 2014

Como aviones en tierra


Cada tarde se sentaban en el escalón del portal de un edificio que amenazaba ruina, conscientes de que en cualquier momento se les vendría encima. Quizás, en su ingenuidad, confiaban en salir indemnes. Allí fumaban algunos cigarros y se besaban o se gritaban, según el día. En todo caso, siempre se hacían pedazos.

Aquel portal de Madrid entre Quintana y El Carmen fue durante años su rincón en el mundo, el lugar en el que cientos de veces se prometieron un amor que sabían imposible y, por tanto, indestructible. Por eso insistían en la trampa. Su empeño en quererse era más tozudo que la realidad, que percibían deformada por el filtro de la tristeza. Ella la llevó incrustada en el alma desde que era una niña, y él se enamoró precisamente de esos ojos tristes, en los que no aprendió a mirarse.

Desde el principio ambos se contagiaron de lágrimas y se acostumbraron a las madrugadas frías de luna negra. Lloraron cada uno de los golpes y nunca se ahorraron un reproche. Lo dieron todo, y todo lo que consiguieron fue nada.

Una tarde de extraña calma acordaron que, cuando al fin se perdiesen en la inevitable tormenta, volverían a encontrarse en aquel portal. ‘Te estaré esperando aquí’, dijo ella, convencida de su engaño. Media hora después, él se alejó caminando hacia Ventas sabiendo que no cumpliría el trato. Antes de llegar al puente vislumbró el final, y tuvo claro que debía hacerlo. Aquella noche fue la última que lo cruzó con lágrimas en la cara.

Remontar el vuelo se hizo difícil, y a veces se buscaron como aviones en tierra. Pero ambos unieron sus fuerzas hasta lograr distanciarse definitivamente. En su afán por destruir, construyeron un final desastroso, un adiós amargo a la altura de su historia. Y no volvieron a verse.

Hace poco él regresó al portal de aquel edificio que ya no existe. Fue puro azar, no un acto premeditado y tampoco temerario, ni siquiera valiente. Se sabía fuera de peligro porque los escombros de aquella ruina se habían retirado hacía mucho tiempo. Se sentó donde acostumbraba, buscó un pitillo y lo prendió mientras observaba sorprendido cómo había crecido la ciudad. Nunca imaginó que aquellos solares vacíos pudieran algún día albergar los relucientes edificios que, ante sus ojos, se estiraban hacia el sol. Se sintió afortunado, pese a todo, de haber habitado en la penumbra de aquellos ojos tristes. ‘Te estaré esperando aquí’, le había prometido. ‘Al final’ -pensó- ‘no me mintió’.

Se levantó, apagó el cigarro y esbozando una levísima sonrisa dijo adiós a la tristeza.


Chema Doménech
esacancionmesuena.com

7 de mayo de 2014

Después de brindar


Después de brindar, se levantó, se despidió de los comensales
con delicadeza recogió el bolso Cristian Dior a juego con su traje,
atravesó el salón donde de chica jugaba a ser grande
y pensó como todo cambió, 'la vida no es un juego' decía su padre.

Y es que no hay nada más triste
que recordar los sueños del pasado,
para comprobar que poco se cumplió
de lo que habíamos soñado.

Y es que no hay nada más triste
que recordar los sueños del pasado.

Reconsideró la situación antes de seguir adelante
y escucho las risas en el comedor y decidió que ya era tarde.
Subió a la habitación donde el viejo reloj marcaba sus horas
era justo media noche y sacó del bolso una pistola.

Y en medio de la cena se escuchó un disparo que arruinó la fiesta.
Y es que en las mejores casas a veces ocurren cosas como estas.

Y es que no hay nada más triste
que recordar los sueños del pasado,
para comprobar que poco se cumplió
de lo que habíamos soñado.

Y es que no hay nada más triste
que recordar los sueños del pasado.

Y en medio de la cena se escuchó un disparo que arruinó la fiesta.
Y es que en las mejores casas a veces ocurren cosas como estas.


Ariel Rot
(con Quique González)

4 de mayo de 2014

2 de mayo de 2014

La buhardilla

Parece que han vuelto
las luces a la buhardilla,
aquella donde los ratones
conversan con mis miedos,
ajenos al felino que los espera
bajo la escalera, junto a un cuenco
de leche, y un canario, y una libertad
enjaulada que se resiste a serlo
en una casa en ruinas por tu ausencia;
y mientras los ratoncitos ríen en su idioma,
a salvo de las cadenas, de las garras,
y de las tristes sombras
de sus fantasmas.

1 de mayo de 2014

Flores secas


Hay flores secas en esta mañana
y una resaca de pasarme de ti
me entra frío en el porvenir
no tengo abrigo y cierro la ventana.

No tengo fe en el exceso de ganas
no tengo ganas de hacerme el café
ya he destruido el castillo de arena
y con el fango me he hecho una muralla en la piel.

Estoy pensando en musas y arañas
a ver si alguna deja de tejer
y confecciona un jersey de lana
para el invierno tenerme algo que poner

y no me eches de menos
que el recuerdo es un veneno
yo vivo en la soledad
con tanta gente que me da miedo...
siempre nos quedará un alto el fuego
y una bandeja de plata y un mar de cristal
y un par de besos ante el espejo
y un rostro nuevo como zapatos viejos.

Con el sabor de tu caverna de carne
a caramelo se va el último tren
hay una fuente y detrás hay una sed
y entre tus pies se va perdiendo la tarde.

Quizá turista buscando una playa
cógeme del bolsillo azul un papel
me he enamorado de la chica de ayer
detrás del grifo tienes una raya y tu carnet

y no me eches de menos
que el recuerdo es un veneno
yo vivo en la soledad
con tanta gente que me da miedo...
siempre nos quedará un alto el fuego
y una bandeja de plata y un mar de cristal
y un par de besos ante el espejo
y un rostro nuevo como zapatos viejos.

Carlos Chaouen