7 de diciembre de 2014

Volver a empezar (Nostalgias)



Cuando esa mañana la puerta de metal se cerró tras él sintió que veía el mundo con otros ojos, pese a la misma soledad de las calles a una hora tan temprana, pese al mismo frío del final del otoño. Se puso los cascos y al activar el aleatorio en el reproductor comenzó a sonar una de sus canciones favoritas, una canción que siempre le había acompañado en momentos importantes y que hacía demasiado tiempo que no escuchaba, al reconocer las primeras notas no pudo más que sonreír.

La noche anterior apenas había podido dormir, pero no debido al insomnio habitual, sino a un estado casi contemplativo de sus emociones, de sus deseos, de sus errores, de todo aquello que le había llevado a esa canción y a ese camino. Los mismos edificios, el mismo parque, la misma luz... sin embargo todo era distinto, los acontecimientos de los últimos años y esa vigilia de transición le habían llevado a tomar conciencia de una realidad que antes no veía.

Cualquier motor, cualquier motivo,
una pequeña emoción.
Un viejo amor, aquel vestido
que nunca te pude comprar.

Se había acabado todo.
Había empezado todo.
Por fin.


La vida es sueño (Acto II - Escena XVIII y XIX)

Clotaldo:
Lo que soñaste me di.

Segismundo:

Supuesto que sueño fue,
no diré lo que soñé,
lo que vi, Clotaldo, sí.
Yo desperté y yo me vi
(¡qué crueldad tan lisonjera!)
en un lecho que pudiera,
con matices y colores,
ser el catre de las flores
que tejió la primavera.

Allí mil nobles, rendidos
a mis pies, nombre me dieron
de su príncipe, y sirvieron
galas, joyas y vestidos.
La calma de mis sentidos
tú trocaste en alegría,

diciendo la dicha mía;
que aunque estoy de esta manera,
príncipe en Polonia era.

Clotaldo:
Buenas albricias tendría.

Segismundo:
No muy buenas: por traidor,
con pecho atrevido y fuerte
dos veces te daba muerte.

Clotaldo:
¿Para mí tanto rigor?

Segismundo:
De todos era señor,
y de todos me vengaba;
sólo a una mujer amaba
que fue verdad, creo yo,
en que todo se acabó,
y esto sólo no se acaba.
(Vase el rey.)

Clotaldo:
(Enternecido se ha ido
el rey de haberle escuchado.)

Como habíamos hablado
de aquella águila, dormido,
tu sueño imperios han sido,
mas en sueños fuera bien
entonces, honrar a quien
te crió en tantos empeños,
Segismundo, que aun en sueños
no se pierde el hacer bien.

(Vase.)

Segismundo:
Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña
que el hombre que vive sueña
lo que es hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí,
de estas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca

TED - La Esclavitud Moderna


Lisa Kristine

1 de diciembre de 2014

La carta


Sandra Batoni

"Querida Amiga:

Sé que hace demasiado tiempo que no te escribo, este abismo que conoces tan bien apenas me ha dejado hacerlo; volvió a abrirse no hace mucho, como siempre lo hizo, sin ni siquiera aproximar las consecuencias. No sabes lo mucho que he necesitado tu sonrisa, tus palabras de aliento, tu confianza en mí... estoy seguro que de habértelo dicho no habrías tardado en venir pero necesitaba salir de esto solo, como he hecho siempre, como estoy acostumbrado.

El otro día estuve en nuestra playa, recordé los primeros paseos por la arena y las conversaciones frente al mar, cuando todavía no te veía como lo hago ahora, con esta claridad y este cariño, con este profundo deseo de que seas feliz. Imagino que a estas alturas ya habrás encontrado a alguien, o que tendrás alguna esperanza entre tus manos; y si no es así tranquila, pronto llegará una persona que te entienda, que te valore, que no vaya siempre corriendo, que se pare a observar su reflejo en tus ojos y piense que sería maravilloso verlo cada mañana. Incluso yo, desde este amor que siento, tan diferente a ese, lo he pensado alguna vez: ¿quién no querría perderse en los pequeños detalles de tu vida? ¿quién no en la forma de tocarte el pelo? ¿quién no en la luz de tus abrazos?

Te mando estas líneas para despedirme, no encuentro otra manera, las cosas han cambiado demasiado por aquí: la gente, la familia, mis propias convicciones... nada es como antes, todo en lo que creía es efímero, se desvanece ante mis ojos y ya no aguanto más; si alguna vez consigo llegar al sitio que imagino te mandaré una postal y una carta con mis señas por si te apetece escribirme.

Hasta entonces y siempre, independientemente de cómo te trate la vida, acuérdate de mí y de este abrazo que te mando por si alguna vez te fallan las fuerzas; y por favor confía en ti, y sonríe, si pudieses verte por un momento como yo lo hago no podrías hacer otra cosa.

Con todo mi cariño,
M.
"

Inventario de lugares propicios al amor

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.


Ángel González

Doble salto mortal


¿Qué te parece que hoy comencemos el cuento por el final?
De las perdices sólo quedan los huesos,
de lo demás... ni rastro de felicidad.

¿Qué te parece que hoy desvelemos detalles de la verdad?
La bruja era guapa, el lobo era bueno,
del príncipe azul... no ha vuelto a saberse jamás.

Dime qué quieres que suene en la banda sonora,
elige entre Misa de Réquiem y Marcha Triunfal,
cualquier cosa que pueda cantar.

¿Qué te parece que hoy terminemos con un doble salto mortal?
Gracias por todo, el gusto fue nuestro,
la próxima vez... quién sabe cuándo será.


José Ignacio Lapido
(con Eva Amaral)

19 de noviembre de 2014

El juramento de los Horacios


Jacques-Louis David

Comentario                                                                                                           Comentario
(por Arte e Iconografía)                                                               (por La Memoria del Arte)

Memoria Inmortal de Don Pedro Girón, Duque de Osuna

Faltar pudo su patria al grande Osuna,
pero no a su defensa sus hazañas;
diéronle muerte y cárcel las Españas,
de quien él hizo esclava la fortuna.

Lloraron sus envidias una a una
con las propias naciones las extrañas;
su tumba son de Flandes las campañas,
y su epitafio la sangrienta luna.

En sus exequias encendió el Vesubio
Parténope, y Trinacria al Mongibelo;
el llanto militar creció en diluvio.

Diole el mejor lugar Marte en su cielo;
la Mosa, el Rhin, el Tajo y el Danubio
murmuran con dolor su desconsuelo.

Francisco de Quevedo

The Rains of Castamere


And who are you, the proud lord said,
that I must bow so low?
Only a cat of a different coat,
that's all the truth I know.
In a coat of gold or a coat of red,
a lion still has claws,
And mine are long and sharp, my lord,
as long and sharp as yours.
And so he spoke, and so he spoke,
that lord of Castamere,
But now the rains weep o'er his hall,
with no one there to hear.
Yes now the rains weep o'er his hall,
and not a soul to hear.


The National
(Lyric from A Song of Ice and Fire)

10 de noviembre de 2014

Amor Sagrado y Amor Profano



Rima LXXIV

Las ropas desceñidas,
desnudas las espaldas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.

Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada
y de las dobles rejas, en el fondo,
la vi confusa y blanca.

La vi como la imagen
que en leve ensueño pasa,
como el rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.

Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
¡como atrae un abismo, aquel misterio
hacía sí me arrastraba!

Mas ¡ay!, que de los ángeles
parecían decirme las miradas:
"¡El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa!
"


Gustavo Adolfo Bécquer

Delicate


We might kiss when we are alone
When nobody's watching
We might take it home
We might make out when nobody's there
It's not that we're scared
It's just that it's delicate

So why do you fill my sorrow
With the words you've borrowed
From the only place you've know
And why do you sing Hallelujah
If it means nothing to you
Why do you sing with me at all?

We might live like never before
When there's nothing to give
Well how can we ask for more
We might make love in some sacred place
The look on your face is delicate

So why do you fill my sorrow
With the words you've borrowed
From the only place you've know
And why do you sing Hallelujah
If it means nothing to you
Why do you sing with me at all?

So why do you fill my sorrow
With the words you've borrowed
From the only place you've know
And why do you sing Hallelujah
If it means nothing to you
Why do you sing with me at all?

Damien Rice
(with Lisa Hannigan)

1 de noviembre de 2014

Las Ruinas de la Memoria (I)





Dicen que no hay nada como volver a un sitio que sigue igual para darse cuenta de los cambios que hemos experimentado; aún más cuando en ese lugar confluyen borrosos y felices recuerdos de la infancia: olores de fin de semana, comidas familiares, caza sigilosa de gatos junto a mi hermano (con el único objetivo de acariciarlos), baños helados en la balsa... y ahora, después de tantos años, esta vieja huerta me vuelve a dar la bienvenida, y sigue oliendo a fin de semana, aunque en la balsa haya un cartel que prohíbe bañarse, y tan sólo un gato que no conozco mirando con desconfianza; tampoco hay ya comidas familiares aquí, ni están mis abuelos... el Alzheimer llegó mientras mi infancia desaparecía, cuando pude comprender lo que pasaba ya era demasiado tarde, me di cuenta de las preguntas que ya no podría hacer, de las conversaciones que ya no serían, de los momentos perdidos...

...y de nuevo estoy aquí, frente a esta colorida casa medio derruida, en un lugar que recordaba mucho más grande, frente a unas paredes llenas de fotografías, de artesanía, de memoria... frente a las ruinas de un reflejo en el que ni tan siquiera se puede intuir la luz que hubo una vez allí.


Romance del infante Arnaldos

¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan!


Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral. 

Marinero que la guía,
diciendo viene un Cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.

Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-Por tu vida, el marinero,
dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.


Romancero Viejo

Milonga del moro judío


Por cada muro un lamento
en Jerusalén la dorada
y mil vidas malgastadas
por cada mandamiento.
Yo soy polvo de tu viento
y aunque sangro de tu herida,
y cada piedra querida
guarda mi amor más profundo,
no hay una piedra en el mundo
que valga lo que una vida.

Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.

Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

Y a nadie le dí permiso
para matar en mi nombre,
un hombre no es más que un hombre
y si hay Dios, así lo quiso.
El mismo suelo que piso
seguirá, yo me habré ido,
rumbo también del olvido
no hay doctrina que no vaya,
y no hay pueblo que no se haya
creído el pueblo elegido.

Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.


Jorge Drexler

24 de octubre de 2014

Cristo del Carrascalejo


Continuando por la carretera comarcal con dirección a Cehegín nos detendremos en la finca del Carrascalejo que se encuentra situada en un hermoso paraje de pinos de considerable altura que invita al viajero a hacer un alto en el camino y degustar los vinos del lugar. Rodeado de este magnífico paisaje natural emerge la imagen de un Cristo crucificado denominado Cristo del Carrascalejo, protector de los caminantes y al que se le realizan ofrendas y procesión todos los viernes de marzo, este Cristo es propiedad de la familia Pidal que posee una espléndida finca justo en frente de esta imagen, denominada Casa del Carrascalejo.


Patrimonio Histórico-Artístico del Noroeste Murciano (Materiales para una guía turística)
Antonino González Blanco (Editum, 1994)

El amor, supongo

He estado pensando en escribir
un poema de amor
dedicado a mi mujer
pero lo cierto es que no sé
por qué, pero me pongo
increíblemente triste y los poemas
de amor no se me han dado nunca
demasiado bien —o quizá es que nunca
lo haya intentado seriamente—;
supongo que el amor
debe de ser
como esos rarísimos instantes
de felicidad:
si por un momento
los tienes
yo diría
que no es conveniente
andar jodiendo el tiempo
con poemas.


Roger Wolfe

Vulnerable Soul


I thought I understood what was going on 
Everything's alright, and suddenly it's all wrong 
Somehow I feel like you don't even care 
But then you show up acting like it's all the same 
Tell me if this is love or if it's hate 
Cause I swear, I swear 

I wonder if you're in your bed 
and I'm the reason why you're still awake 
thinking of how we used to fall asleep 
you next to me 

Hello in the cheek, goodbye in the lips 
Maybe it's just me feeling something here
When everything is right you disappear 
When I try to move on you call my name again 
This crazy story will never make sense 
But I swear, I swear 

I wonder if you're in your bed 
and I'm the reason why you're still awake 
thinking of how we used to fall asleep 
you next to me 

And now we're so close I can touch your skin 
and I'm feeling how I fall asleep 
and I wouldn't mind if this night could last forever 
And now we're so close I can feel your breath 
and I never ever wanna leave 
and I wouldn't mind if this night could last forever 

I wonder if you're in your bed 
and I'm the reason why you're still awake 
thinking of how we used to fall asleep 
feeling how we fall asleep 
you next to me 
to me

Bely Basarte

20 de octubre de 2014

La Conversión de Recaredo


Antonio Muñoz Degrain

(por Arte e Iconografía)

El Ratón de la corte y el del campo

Un Ratón cortesano
convidó con un modo muy urbano
a un Ratón campesino.
Diole gordo tocino,
queso fresco de Holanda,
y una despensa llena de vianda
era su alojamiento,
pues no pudiera haber un aposento
tan magníficamente preparado,
aunque fuese en Ratópolis buscado
con el mayor esmero,
para alojar a Roepan primero.
Sus sentidos allí se recreaban;
las paredes y techos adornaban,
entre mil ratonescas golosinas,
salchichones, perniles y cecinas.
Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso!,
de pernil en pernil, de queso en queso.
En esta situación tan lisonjera
llega la despensera.
Oyen el ruido, corren, se agazapan,
pierden el tino, mas al fin se escapan
atropelladamente
por cierto pasadizo abierto a diente.
"¡Esto tenemos! -dijo el campesino-
Reniego yo del queso, del tocino
y de quien busca gustos
entre los sobresaltos y los sustos."

Volvióse a su campaña en el instante
y estimó mucho más de allí adelante,
sin zozobra, temor ni pesadumbres,
su casita de tierra y sus legumbres.


Félix María de Samaniego

Martina


Martina no tiene intermedios,
conoce remedios para los destinos.
Golpea siempre dos veces
las puertas que encuentra por su camino.

Martina prolonga su huida,
no cree en las mentiras,
no guarda rencores
y dentro de sus corazones

hay hueco de sobra
para un rato más.

Martina te enseña sus guías,
Martina te envía postales sin sello.
Martina exporta su risa,
deja que la brisa se duerma en su pelo.

Martina es un aguacero
y bajo su abrazo no existen fisuras.
Vigila bien las figuras que acechan su paso
y juega a no ver.

Martina regala sonrisas,
se muestra de harina,
sabe que es de acero
y baja peldaños del cielo
y cogiendo tu mano
te invita a subir.

Martina es un espejismo,
Martina un abismo de lamentaciones.
Martina no tiene razones,
Martina es el sueño
que evitas tener.

Martina puede ser tu musa,
Martina es la excusa para las locuras
y al pasar quema las dunas
y deja al desierto descansar en paz.

Martina es como heroína,
Martina opina aunque no le pregunten.
Martina cumple deseos,
reinventa sus credos,
se esconde en su cumbre.

Martina no conoce dueño,
camina sin freno, sin ley, ni rutina.
Nacida en mi pensamiento,
Martina es la parte pequeña de mí.


Zahara

7 de octubre de 2014

Amanecer en Los Urrutias




Paz

Junto a la mesa de la esquina en
el café
está sentada
una pareja de mediana edad.
Han terminado de comer
y están bebiendo una cerveza
cada uno.
Son las 9 de la noche.
Ella está fumando un cigarrillo.
Luego él dice algo.
Ella asiente.
Luego habla ella.
Él sonríe, mueve la mano,
luego se quedan callados.
A través de las persianas
junto a la mesa
parpadea
una luz roja de neón.

No hay guerra.
No hay infierno.

Luego él levanta su botella
de cerveza.

Es verde,
se la lleva a los labios
le da un sorbo.

Es una Coronet.

Ella tiene el codo derecho
apoyado sobre la mesa
y en la mano
sostiene el cigarrillo
entre el pulgar y
el índice
y cuando ella le mira
fuera las calles
florecen
en la noche.

Suerte.

Hubo una vez
en que fuimos jóvenes
dentro de esta máquina
bebíamos
fumábamos
tecleábamos

fue un tiempo de
esplendor,
un milagro.

Aún lo es.

Sólo que ahora
en vez de
ir hacia el tiempo
es el tiempo
el que viene hacia nosotros
y hace que cada palabra
taladre
el papel


clara
rápida
contundente


alimentando
un espacio
que se cierra.


Charles Bukowski

Olas de plata


Las calaveras
siempre tienen hambre
de los buitres que
nos sobrevuelan.

Y en tus caderas
se quedó el enjambre
color añil
de la azotea.

Y la brisa se hace fuerte
en las pateras.

A veces Dios resucita
sin matiz de agua bendita
sino que se echa un anís

pa la fatiga
y luego cita de rodillas
al porvenir.

Por venir olas de plata
sirenas que empujen a este barco
y que vayan a por viento
velas y veletas
que yo no tengo más norte
que tus labios.

En las recetas
de los traficantes
la sangre a borbotones
cubre el cielo.

Y en la vereda
que da a tu hambre.
El huerto abastecido
al que me debo.

Y la risa se hace fuerte en tu escalera
a veces Dios nos vomita
su calvario y sus espinas
y se echa un poco de anís

pa la fatiga
y luego rompe las costillas
el porvenir.

Por venir olas de plata
sirenas que empujen a este barco
y que vayan a por viento
velas y veletas
que yo no tengo más norte
que tus labios.

Si naufrago en este sueño
en que me miras
es que tengo el pasaporte sólo
de salida.

Y si insisto en los mensajes
de la risa
es que no creo en el cuerpo ni en las
despedidas.

Carlos Chaouen

1 de octubre de 2014

La fábula de Aracne / Las hilanderas


Diego Velázquez


Ficha del Museo del Prado

La ciencia oculta de los viejos templarios

Recién terminadas de campanear las doce y media por el hermano sirviente que estaba dedicado a este menester, una voz rompió la monotonía de la espera y dijo:
-Caballero, debido a la oscuridad que aquí dentro reina y a la valla que nos separa, nosotros sabemos quién sois vos, pero vos no sabéis quiénes somos nosotros. Lo que aquí se diga, aquí quedará. ¿Estáis dispuesto para hablar con nosotros?
-Si, lo estoy -contestó don Godofredo.
-¿Contestaréis con certeza y sin mentira a nuestras preguntas?
-Sí. Lo haré.
-¿Hará falta que lo juréis?
-No.
-¿Dais, pues, vuestra palabra de caballero?
-Sí. La doy.
-¿Cómo os llamáis?
-Godofredo.
-¿Qué edad tenéis?
-Veintiún años.
-¿Cuánto tiempo lleváis en la orden?
-Año y medio.
-¿Tenéis miedo a la muerte?
-Sí. Lo tengo. Por más desagradable que resulte confesarlo, el pensamiento de la muerte se impone en mí con pavorosa evidencia.
-La muerte, hermano, es lamentable sin duda, pero es una condición humana que todos debemos aceptar porque es inevitable. El hombre es polvo y vuelve al polvo; todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay bajo el sol su momento. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado... Podemos aplazar el momento, arañar unos días, pero la muerte llegará y llegará para todos. Para la muerte no existen privilegios, ni méritos, ni sabiduría, ni nobleza... La vida humana está sometida a la ley del tiempo y de la consumición, todos morimos y somos como agua que se derrama en la tierra, que no puede volver a recogerse.

Antonio Galera Gracia

Me lo agradecerás


Igual le vale a otros
pero a mi ya no me sirve para nada
el ruido de las motos,
los árboles flotando en la manada.

Algunos se emocionan,
algunos siempre piensan en lo mismo.
Ayer me viste rota
y tú como si no fuera contigo.

Cuando te vuelva el corazón a su sitio
me lo agradecerás.
¿Dónde estarás si estoy vivo?
¿Dónde olvide mi silla de montar?

Los hinchas se motivan
en los alrededores del estadio,
tú sigues insistiendo en
que no tiene nada que ver contigo.

Algunos se confían,
algunos se protegen demasiado.
Anoche te atracaron
en la gasolinera de Carriedo.

Cuando te vuelva el corazón a su sitio
me lo agradecerás.
¿Dónde estarás si estoy vivo?
¿Dónde olvidé mi silla de montar?

Cuando te vuelva el corazón a su sitio
me lo agradecerás.

Quique González

26 de septiembre de 2014

Salamanca, 2014 (y IV)



Ropas con su olor

Ropas con su olor,
paños con su aroma.


Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.


Lecho sin calor,
sábana de sombra.

Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.


Miguel Hernández

No hay nada

Minuto 3:35

No hay nada que hacer
lo volví a entender
volví a despertar abriendo los periódicos
nada nuevo

Lo volví a leer
estaba claro ya
todo el mundo gira sin parar
no hay control

Demasiada gente mirándonos
demasiada suerte bailando

Fueron a por mi
decididamente
y acabé enganchado
a programas en la tele

No estuvo mal
pero no estuvo bien
mientras decíamos
que correríamos a tope

Demasiada gente mirándonos
demasiada suerte bailando

Y no sirve de nada pagar
de la misma manera
es mucho mejor darse un tiempo
y volver a encontrarse
para no dejarlo todo a medias

Y no sirve de nada pagar
de la misma manera...

Javi Serrano

22 de septiembre de 2014

Salamanca, 2014 (III)




Yo voy soñando caminos

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón.”

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.”


Antonio Machado

Más de un 36


Cuando baja la marea, cuando aprieta el corazón,
ahí estas tú y yo, contigo adentro.

Cuanto más dura es la pena más cargado viene el ron,
me está diciendo la razón: esta noche fue la buena.
Llevo lo de ayer a cuestas, más te quiero, me quedé mirándote
a duermevela.

Desconozco bien tu nombre, calzas más de un 36,
hueles a azahar también, sé que bebes ron a secas.

¡Hey! Despierta...

Sabes cómo ayer, con la boca más seca, el sexo que se fue
sonríe en la despensa, como puede ser
que lleves en la piel agua y arena.

Tardas en amanecer,
me pierden las maneras, lo que no se ve,
es lo que antes despierta, vuélveme a querer
como lo hiciste ayer bailando lenta.

Tras un ojo llega el otro, tras un polvo otro más largo,
hay un gato en el tejado que me vio llorar.
Te estás perdiendo un verano concentrado en la mañana,
me estoy preguntando si te quedarás
pasado el escenario...

Ya he pasado por ti,
tenías otros nombres, mismas ganas de reír,
vestías otro acento, en el pelo flores.

Creo que ya he estado aquí,
eres la del cuerpo de flores, la del mes de abril,
la que hizo en la guitarra marcas que hacen cicatriz.
Te veo sobre la cama y quiero quedarme a vivir
y no sé ni tu nombre.

Tras un ojo llega el otro, luego ciérrame los labios.
Hay un gato en el tejado que me hace llorar.
Cuando baje la marea...


Andrés Suárez

10 de septiembre de 2014

Salamanca, 2014 (II)



La vida es sueño (Acto II - Escena VI)

Basilio:
Pésame mucho que cuando,
príncipe, a verte he venido,
pensando hallarte advertido,
de hados y estrellas triunfando,
con tanto rigor te vea,
y que la primera acción
que has hecho en esta ocasión
un grave homicidio sea.

¿Con qué amor llegar podré
a darte ahora mis brazos,
si de sus soberbios lazos,
que están enseñados sé
a dar muerte? ¿Quién llegó
a ver desnudo el puñal
que dio una herida mortal,
que no temiese? ¿Quién vio
sangriento el lugar, adonde
a otro hombre dieron muerte,
que no sienta? Que el más fuerte
a su natural responde.

Yo así, que en tus brazos miro
de esta muerte el instrumento,
y miro el lugar sangriento
de tus brazos me retiro;
y, aunque en amorosos lazos
ceñir tu cuello pensé,
sin ellos me volveré,
que tengo miedo a tus brazos.

Segismundo:
Sin ellos me podré estar
como me he estado hasta aquí,
que un padre que contra mí
tanto rigor sabe usar,
que con condición ingrata
de su lado me desvía,
como a una fiera me cría,
y como a un monstruo me trata
y mi muerte solicita,
de poca importancia fue
que los brazos no me dé
cuando el ser de hombre me quita.

Basilio:
Al cielo y a Dios pluguiera
que a dártele no llegara;
pues ni tu voz escuchara,
ni tu atrevimiento viera.

Segismundo:
Si no me le hubieras dado,
no me quejara de ti;
pero una vez dado, sí,
por habérmele quitado;
que aunque el dar el acción es
más noble y más singular,
es mayor bajeza dar,
para quitarlo después.

Basilio:
¡Bien me agradeces el verte,
de un humilde y pobre preso,
príncipe ya!

Segismundo:
Pues en eso
¿qué tengo que agradecerte?

Tirano de mi albedrío,
si viejo y caduco estás
muriéndote, ¿qué me das?
¿Dasme más de lo que es mío?
Mi padre eres y mi rey;
luego toda esta grandeza
me da la naturaleza
por derechos de su ley.

Luego, aunque esté en este estado,
obligado no te quedo,
y pedirte cuentas puedo
del tiempo que me has quitado
libertad, vida y honor;
y así, agradéceme a mí
que yo no cobre de ti,
pues eres tú mi deudor.


Calderón de la Barca

Llegaba Septiembre


Hoy te vi correr, te vi saltar sobre las olas.
Fuiste a pasear, bajo la lluvia eras la estrella.
No tenían razón, no eras de esas, por la mañana un café y un adiós.
Fuiste lo más rock&roll de toda la playa de Gijón.

Era verano, llegaba Septiembre...
Eras una tentación un tanto extraña, un elixir de juventud.
Me hacías pensar en esa canción, siguiendo tus huellas al caer el sol.
Fue en un hotel, cerca del mar, dónde las gaviotas solían llorar.
Eras mi autopista, mi última luz, mi primera carta, la electricidad.

Era verano, llegaba Septiembre...

Un resplandor en la carretera, no había invierno en tu alcoba,

todas las canciones son la imagen de nuestra historia...

Edu Vázquez
(con Helena Gil)

14 de julio de 2014

Salamanca, 2014 (I)

                           Padre Cámara                                         San Lucas Evangelista

462-0614

Tengo muchas llamadas ahora.
Son todas como
"¿eres Charles Bukowski,
el escritor?"
"Si", les digo
y me dicen que entienden
lo que escribo,
y algunos son escritores
o quieren serlo
y tienen trabajos tontos y horribles
y no pueden enfrentar la habitación,
el departamento,
las paredes,
esa noche.
Buscan alguien con quien
hablar,
y no creen que
yo no puedo ayudarlos,
que no conozco las palabras,
no pueden creer
que a menudo ahora
me doblo en mi habitación
agarrándome la panza y digo
"Jesús, Jesús, Jesús, ¡no 
de nuevo!"
No pueden creer
que la gente sin amor
las calles
la soledad
las paredes
son mías también
y cuando cuelgo
piensan que me guardé
mi secreto.
Yo no escribo desde
el conocimiento.
Cuando suena el teléfono
a mí también me gustaría escuchar las palabras
que pudieran aliviar
un poco esto.
Por esa razón mi número
figura en la guía.


Charles Bukowski

Con una pena de muerte


Con una pena de muerte 
maldigo injustamente a los que antes compartieron 
contigo los delirios de la carne. 
Y se hace tarde, 
y hay quien nos dice que debiéramos mirar 
más el reloj. 
El amor entre tú y yo 
es, a veces, 
como el silencio, 
y al nombrarlo se rompe. 
Noche tras noche 
me hago adicto a tus ritmos, 
tus sonidos, tus sabores. 
Cargados de buenas intenciones 
nos empapamos de urbanidad, 
vendimiando en las aceras 
alguna que otra hermosa amistad. 
Y yo vigilo tu sonrisa mientras tomas un té 
en un café del centro. 
Mar adentro, mientras las sirenas cantan, 
hay quien se tapa los oídos, 
quien se ata al mástil de proa. 
Tú y yo dejamos 
que nos seduzcan con su canto. 
Nos estrellamos 
contra las rocas.

Con una pena de muerte 
maldigo injustamente 
al tiempo que nos maltrató. 
Ahora tú y yo somos otros 
y todo es una frágil pavesa, 
que regresa al viento 
como esta vieja canción. 
Como esta vieja canción. 
Como esta vieja canción.

Ismael Serrano

8 de julio de 2014

Redención (An old rectory)


Frits Thaulow

Al abrir la puerta pude comprobar que todo seguía igual, el paso de cuatro largas décadas no había hecho mella en la mansión; me aproximé a la chimenea, encendí un fuego con las ramas polvorientas que quedaban y me senté en el viejo sillón de mi padre. Los recuerdos comenzaron a surgir en aquella sombría estancia, cobrando vida en sus rincones; cerré los ojos y la luz de la nostalgia fue tejiendo su red sobre la casa. Los buenos tiempos y su amplia gama cromática volvieron por un instante, barriendo la suciedad, la tristeza y la culpa que la impregnaban... una lágrima resbaló por mi rostro al tiempo que una hermosa melodía de Bach, la misma que hace tantos años me despedía de mi hogar, inundaba el salón.

En la calle, contemplando la ventana tenuemente iluminada, dos figuras vestidas de negro murmuraban que el único hijo y asesino de los Hampton había salido esa mañana de la prisión del condado.


Variaciones Goldberg: Aria (1981)
Compositor: Johann Sebastian Bach
Intérprete: Glenn Gould

Invictus

Más allá de la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
agradezco al dios que fuere
por mi alma inconquistable.

En las garras de la circunstancia
no he gemido ni llorado.
Bajo los golpes del destino
si bien he sangrado, jamás me he postrado.

Más allá de este lugar de ira y llantos
yacen los horrores de la sombra,
y sin embargo la amenaza de los años
me halla y me hallará sin temor.

Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino,
cómo cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.


William Ernest Henley

Las Apariencias


4 de julio de 2014

Spencer