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24 de octubre de 2014

El amor, supongo

He estado pensando en escribir
un poema de amor
dedicado a mi mujer
pero lo cierto es que no sé
por qué, pero me pongo
increíblemente triste y los poemas
de amor no se me han dado nunca
demasiado bien —o quizá es que nunca
lo haya intentado seriamente—;
supongo que el amor
debe de ser
como esos rarísimos instantes
de felicidad:
si por un momento
los tienes
yo diría
que no es conveniente
andar jodiendo el tiempo
con poemas.


Roger Wolfe

24 de mayo de 2013

Es tarde ya en la noche

Es tarde ya en la noche
y la playa está desierta.
Rompe el mar
sobre las rocas.
Un aire cálido,
espeso de salitre
y de recuerdos,
me baña la cabeza.
Cierro los ojos.
Inhalo.
Me dejo llevar.
Y luego pienso,
como casi siempre
que me pasan estas cosas,
en Proust.
Pero no he leído
a Proust.
Qué importa.
La vida es bella.
Quién necesita
a Proust.


Roger Wolfe

16 de marzo de 2013

Es lo que dice

Sócrates
es lo que dice Platón
es lo que dice Marco Aurelio
es lo que dice Kant
es lo que dice Hegel
es lo que dice Nietzsche
es lo que dice Marx
es lo que dice Freud
es lo que dice Borges
es lo que decía mi abuela...

¿Y tú? ¿Tú qué dices?

¿Yo? Cómo que
qué digo yo?
Menuda pregunta.
Yo no digo nada.


Roger Wolfe

13 de enero de 2013

Gilipollas

No hago nada esta noche.
Fumo y miro por la ventana.
Puede que más tarde me tome otra pastilla.
Voy a seguir un rato aquí.
Tengo tiempo. Tengo todo el tiempo del mundo.
En realidad todos tenemos todo el tiempo del mundo.
Por eso lo tiramos diariamente a la basura.
Lo que importa lo tiramos siempre a la basura.
No hemos venido al mundo a hacer cosas que importen. Hemos venido a hacer el tonto.
Es lo que mejor sabemos hacer.
Luego nos dicen que nos vamos a morir y no se nos ocurre otra cosa que preguntar: «¿Por qué yo?».
La respuesta es: «¿Y por qué no, gilipollas? ¿Qué has hecho tú que justifique alargar tu vida?».

Roger Wolfe

16 de diciembre de 2012

La poesía

La poesía de una madre que grita en un balcón
llamando a sus hijos a la cena. 
La poesía de una radio que suena al otro lado
de una ventana apenas entreabierta. 
La poesía de un mendigo inclinado ante una gorra
en las baldosas, en espera de limosna.
La poesía de un charco agostado entre piedras.
La poesía de una mujer que se levanta de la cama
buscando a tientas el sujetador en la penumbra.
La poesía de un perro que se estira
bostezando en una alfombra.
La poesía de un televisor con el volumen silenciado
mientras suena música y los cuerpos se enajenan.
La poesía de una calle a media tarde
en cuyo extremo hay un boquete de luz que se proyecta
sobre el mar, atravesado por los tumbos de un borracho.
La poesía de una voz en el teléfono.
La poesía de un autobús que remonta la avenida
lleno de gente ensimismada.
La poesía de un viejo vagabundo desdentado
apurando un cartón de vino en la escalinata de una iglesia.
La poesía de una mancha de aceite en una acera.
La poesía de un hombre gordo que se agacha
para atarse los zapatos al fondo de la barra
resoplando alrededor de una colilla.
La poesía de una anciana que se arregla el maquillaje
en un espejo.
La poesía de unas manos que casi no son mías
tanteando (¿tonteando?) en el teclado...

Toda esta poesía que nunca cabe en un poema.

Roger Wolfe