13 de noviembre de 2013

8 de noviembre de 2013

Telediario

Cada vez que pongo las noticias sólo veo
odio, ansias de poder, guerras absurdas,
sufrimiento, hambre,
violencia...
peces demasiado gordos
con trajes demasiado caros
y niños con mirada de adultos,
sin familia, sin hogar,
sin nada.

Por lo visto tantas vidas arruinadas
no han sido suficiente;
son momentos como este
los que me hacen desear
que ahí arriba (o abajo)
haya alguna deidad coherente
y que, al menos por una vez,
la palabra justicia cobre
algo de sentido.

7 de noviembre de 2013

Acuérdate


Qué grave crimen fue dejarte ir
pago mi condena porque te perdí. 
Yo que fui tu vida y tú mi amor
no me di cuenta y apagué el motor. 

El reloj se paró entre nuestras manos
yo juré no volver a hacerte daño. 

Escucho, mi amor, de lejos tu corazón
intento llegar, pero ya no hay nadie allí. 
Es esta ciudad que me recuerda tanto a ti
y es este dolor que anda suelto y corre tras de mí.

La suerte fue caprichosa y sin piedad 
donde ya no estabas y cedió su lugar.
Nos apartó una fuerza desigual
y un destino extraño entrando a matar. 

Me acostumbré a dormir al otro lado
y a no ocupar el espacio que has dejado. 

Y qué saben los demás 
si a mí me cuesta encajar
que el golpe llegó frontal
y nos partió por la mitad. 

Tendré que pagar
el precio que hay que pagar.
La lluvia que no llegó a caer vendrá
para mojarte la piel, para calmar tu dolor
para decirte, mi amor, que no.


Para mojarte la piel, para calmar tu dolor 
para decirte, mi amor, que no llegó el final. 

Acuérdate cuando te hablen de mí...


Rebeca Jiménez

5 de noviembre de 2013

Mercurio y Argos


Diego Velázquez

La sombra de Júpiter era alargada, la muerte de Argos Panoptes a manos de Mercurio fue orquestada desde el Olimpo por el caudillo de los dioses. El origen de esto fue su capricho por la ninfa Io; el oráculo reveló a su padre, Ínaco, que si no repudiaba a su hija el rayo de Júpiter acabaría con él y toda su estirpe; una vez desterrada de su casa, Júpiter se unió a ella formando una enorme nube a su alrededor.

Juno no tardó en darse cuenta de la treta, ya prevenida por las frecuentes infidelidades de las que había sido víctima se dirigió al lugar donde estaban los amantes, encontrando a su marido junto a una hermosa ternera blanca; sospechando lo que había detrás le pidió a Júpiter que le permitiese quedarse con ella y la puso a cargo de Argos, el gigante de los mil ojos, que incluso mientras dormía mantenía algunos de ellos abiertos.

Mercurio, tocando una hermosa melodía con su flauta, consiguió cerrarlos para cortarle posteriormente la cabeza con su cimitarra.


4 de noviembre de 2013

Don Juan Tenorio (Parte I - Acto IV - Escena X)

D. Luis:
Muy bien, don Juan.

D. Juan:
¡Vive Dios!

D. Gonzalo:
¿Quién es ese hombre?

D. Luis:
Un testigo
de su miedo, y un amigo,
Comendador, para vos.

D. Juan:
¡Don Luis!

D. Luis:
Ya he visto bastante,
don Juan, para conocer
cuál uso puedes hacer
de tu valor arrogante;
y quien hiere por detrás
y se humilla en la ocasión,
es tan vil como el ladrón
que roba y huye.

D. Juan:
¿Esto más?

D. Luis:
Y pues la ira soberana
de Dios junta, como ves,
al padre de doña Inés
y al vengador de doña Ana,
mira el fin que aquí te espera
cuando a igual tiempo te alcanza,
aquí dentro su venganza
y la justicia allá fuera.

D. Gonzalo:
¡Oh! Ahora comprendo... ¿Sois vos
el que...?

D. Luis:
Soy don Luis Mejía,
a quien a tiempo os envía
por vuestra venganza Dios.

D. Juan:
¡Basta, pues, de tal suplicio!
Si con hacienda y honor
ni os muestro ni doy valor
a mi franco sacrificio
y la leal solicitud
con que ofrezco cuanto puedo
tomáis, ¡vive Dios!, por miedo
y os mofáis de mi virtud,
os acepto el que me dais
plazo breve y perentorio,
para mostrarme el Tenorio
de cuyo valor dudáis.

D. Luis:
Sea; y cae a nuestros pies,
digno al menos de esa fama
que por tan bravo te aclama.

D. Juan:
Y venza el infierno, pues.
Ulloa, pues mi alma así
vuelves a hundir en el vicio,
cuando Dios me llame a juicio,
tú responderás por mí.
(Le da un pistoletazo.)

D. Gonzalo:
¡Asesino! (Cae.)

D. Juan:
Y tú, insensato,
que me llamas vil ladrón,
di en prueba de tu razón
que cara a cara te mato.
(Riñen, y le da una estocada.)

D. Luis:
¡Jesús! (Cae.)

D. Juan:
Tarde tu fe ciega
acude al cielo, Mejía,
y no fue por culpa mía;
pero la justicia llega,
y a fe que ha de ver quién soy.

Ciutti:
(Dentro.)
¿Don Juan?

D. Juan:
(Asomando al balcón.)
¿Quién es?

Ciutti:
Por aquí;
salvaos.

D. Juan:
¿Hay paso?

Ciutti:
Sí;
arrojaos.

D. Juan:
Allá voy.

Llamé al cielo y no me oyó,
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra
responda el cielo, no yo.

(Se arroja por el balcón, y se le oye caer en el agua del río, al mismo
tiempo que el ruido de los remos muestra la rapidez del barco en que parte;
se oyen golpes en las puertas de la habitación, poco después entra la justicia,
soldados, etc.).

José Zorrilla

2 de noviembre de 2013

Postcards From Paraguay


One thing was leading to the next
I bit off more than I could chew
I had the power to sign the cheques
It wasn't difficult to do

I couldn't stay and face the music
So many reasons why
I won't be sending postcards
From Paraguay

I robbed a bank full of dinero
A great big mountain of dough
So it was goodbye compañero
And cheerio

I couldn't stay and face the music
So many reasons why
I won't be sending postcards
From Paraguay

I never meant to be a cheater
But there was blood on the wall
I had to steal from Peter
To pay what I owed to Paul

I couldn't stay and face the music
So many reasons why
I won't be sending postcards
From Paraguay

Mark Knopfler